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lunes, 30 de marzo de 2015

Relato de primavera

EL NACIMIENTO DE LA PRIMAVERA

Hace miles, miles y millones de años, la primavera aún no existía, pues, no sé si sabréis, es la estación más joven de todas. Por aquel entonces, la vida de la naturaleza era muy dura.
Los árboles escaseaban, y su mayor reto era que sus hojas duraran al menos unos días, pues con el invierno se caían, y con el verano se secaban.
Las plantas sobrevivían a duras penas, pues siempre estaban mareadas de pasar bruscamente del frío del invierno al abrasador calor del verano.
Era un milagro que algún fruto no se pudriera antes de soltarse de la rama de su planta, y el único afortunado que pudo ver una sola flor al principio de los tiempos fue el gran rey sol, antes de que la pequeñísima mezcla de todas las flores naciera, se abriera y se muriera en treinta segundos.
Los insectos se estaban volviendo locos. No se percataban de la estación en que estaban; los animales que hibernaban no se molestaban ni en salir, pues se refugiaban del calor y del frío, y sólo en otoño hacían una gran recolección de alimentos y agua para subsistir.



Los pajarillos estaban cansados de soportar climas extremos, y solo daban algún que otro vuelecillo al día. La tierra cada día se volvía más trabajosa, pues unas veces estaba hecha barro y otras veces estaba sequísima.
Pero... ¿qué iban ha hacer? Estaban acostumbrados a todas esas cosas, y ni siquiera conocían a la inexistente primavera.

El invierno y el verano cada vez estaban más preocupados. Todos los años discutían acaloradamente en el cambio de estación, que era su única oportunidad de hablar, pero todos los años terminaban gritándose y sacudiéndose violentamente, pues la situación se ponía peor. Cada vez eran menos deseados por todos: la naturaleza, la tierra, los humanos... Pero en verdad eran necesarios los dos aunque a la vez fueran un poco dañinos para el mundo.



Un año más, en el I a.PV. (a.PV. significa antes de la primavera) el verano estuvo pensando largo y tendido los tres últimos meses de sus cuatro que le pertenecían al año, incluso consultó al sabio otoño, y llegó a una maravillosa conclusión, pero tendría que esperar al año siguiente para proponérsela al invierno en uno de sus encuentros.

Y así fue, en el año 0 PV. (año de la primavera) el verano se adelantó impaciente unos meses para el enfado del invierno, pero, al escuchar la idea de su compañero, a éste le cambió el humor repentinamente, ¡era una idea fantástica! "Claro -pensó el invierno- si el verano y yo somos estaciones opuestas con temperaturas extremas, al entremezclar un poco de cada una de nuestras características, ¡saldrá una estación con clima intermedio!".



Y así fue como pactaron el día del experimento, sería más o menos cuando acabara el invierno y comenzara el verano, es decir, el 21 de marzo exactamente.
Al fin llegó el tan esperado día por las dos estaciones. Cada una se desprendió de un poco de ella, y le añadieron 92 rayos de sol, unos más fuertes y otros más suaves.
De repente, la tierra se volvió húmeda y de un marrón más vivo, y nació de ella lentamente una bellísima planta acabada por miles de pétalos de todos los colores que te puedas imaginar. Era, exactamente, la primera y verdadera flor que nacía en el mundo. Fue entonces cuando, de aquella flor, comenzaron a salir miles de aromas diferentes, brisas cálidas, hiedras interminables, millones de flores distintas... Que lo inundaron todo, convirtiéndolo así en una nueva y bella estación. El invierno y el verano se preguntaron como se llamaría, y al final, decidieron que, como era el primer capullo y su tallo era de color verde, ¡Primavera! Que significaba "primer verdor".



Contentísimos de su trabajo y de haber resuelto el tema que tanto les incomodaba, se marcharon cada uno por su lado, esperando a la época debida de sus climas, tanto el invierno como el verano, que ahora durarían tan solo tres meses. Mientras tanto, la primavera se estiraba perezosa, admirando todo su alrededor, deseosa de llegar a todos los rincones del mundo. Todos los árboles, plantas y animales la recibían con los brazos abiertos, ansiosos de que la nueva estación hiciera al fin efecto en ellos. La joven época comenzó a llenarlo todo, todo, todo de miles de verdes distintos, jugando alegre con las mariposas, un insecto que también había nacido con la primavera....



Y así fue como, el 21 de marzo del año PV. nació la primavera. Por eso, al principio de la estación aún hace un poco de frío, y al final hace demasiado calor...



Relato realizado por: Fátima López

miércoles, 25 de marzo de 2015

Acróstico primaveral

                                 Ya Puedo seguir la pista de tu olor
pues los bellos almendRos se pusieron en flor.
                                      Inundas de fragancias nuevas,
                      como un Mar de perfumes el valle.
               Alegras la vidA con tu hermoso y floral talle.
                 me llenas la Vista con preciosos paisajes,
                              con Eucaliptos y naranjos,
                              con Rosas y rosales.
      ¡A tu vera me quedAría siempre, bella primavera!


Poema realizado por: Fátima López

martes, 24 de marzo de 2015

RELATOS DE PRIMAVERA ~ Don Arbolón


Había una vez un colegio que se llamaba "Los Árboles", ¿Sabéis porqué?, pues porque tenía su patio lleno de árboles. Los había chiquititos, también medianitos, grandes, y había uno que eraenorme, un viejo árbol que estaba justo en mitad del patio.
Se llamaba Don Arbolón y ocupaba aquel espacio desde mucho antes de que se construyera el colegio.
Don Arbolón quería mucho a todos los niños que habían pasado por aquel colegio y los niños le querían mucho a él. Bajo su sombra los niños descansaban, merendaban, jugaban a los cromos, se contaban hasta sus secretos más grandes. Y Don Arbolón, impasivo, siempre acariciaba con la sombra de sus ramas a aquellos niños que tanta compañía le hacían y tanto confiaban en él.
Un día Don Arbolón apareció malito, con ungran agujero en su tronco y habiendo perdido todas sus hojas. Las señoritas del colegio, preocupadas, llamaron corriendo a unos señores jardineros, quienes con muy poco amor a la naturaleza y sólo con ganas de ganar dinero, ni tan siquiera se preocuparon por Don Arbolón, y al verlo tan viejecito propusieron arrancarlo y plantar en su lugar muchos árboles jóvenes.

Los niños cuando oyeron aquello, sin premeditarlo, se levantaron de golpe y cogiéndose de sus manitas rodearon a Don Arbolón cantando "Don Arbolón no se va del colegio...Don arbolón se queda aquí...porque todos los niños... queremos mucho a Don Arbolón". Las señoritas inmediatamente echaron a aquellos señores y llamaron a un viejo jardinero que vino muy deprisa con una gran maleta.
Cuando vio a Don Arbolón, le tomó la temperatura, la presión, le miró la garganta.... y al ratito dijo, "necesito tierra para prepararle su medicación". Los niños corriendo fueron a por tierra y en un gran cubo se la trajeron. El viejo jardinero mezcló con la tierra jarabe, gotitas, unos polvos y lo extendió todo en el suelo rodeando a Don Arbolón, dándole unas cariñosas palmaditas en su tronco al marchar.
Todos se fueron a casa preocupados por Don Arbolón y cuando llegaron al día siguiente ¡sorpresa!, Don Arbolón ya no tenía aquel enorme agujero en su tronco y todas las hojitas habían vuelto a brotar en sus ramas. Los niños, muy contentos, rodearon nuevamente con sus manos a Don Arbolón y con mucha alegría cantaron:
-"Don Arbolón ya no está malito, Don Arbolón se ha curado ya, todos los niños, queremos mucho a Don Arbolón".
Don Arbolón sonrió a su manera, haciendo un simpático movimiento de todas sus ramas y el sol que iluminaba el patio del colegio brilló con mucha más intensidad, participando de aquella alegría que inundó aquella mañana el colegio "Los Árboles".

RELATOS DE PRIMAVERA ~ Itzelina y los rayos de sol


Itzelina Bellas Chapas era una niña muy curiosa que se levantó temprano una mañana con la firme intención de atrapar, para ella sola, todos los rayos del sol.
Una ardilla voladora que brincaba entre árbol y árbol le gritaba desde lo alto. ¿A dónde vas, Itzelina?, y la niña respondió:
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita.
- No seas mala, bella Itzelina - le dijo la ardilla- Deja algunos pocos para que me iluminen el camino y yo pueda encontrar mi alimento. -
Está bien, amiga ardilla - le contestó Itzelina-, no te preocupes. Tendrás como todos los días rayos del sol para ti.
Siguió caminando Itzelina, pensando en los rayos del sol, cuando un inmenso árbol le preguntó. ¿Por qué vas tan contenta, Itzelina?
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita, y poder compartir algunos con mi amiga, la ardilla voladora.
El árbol, muy triste, le dijo:
- También yo te pido que compartas conmigo un poco de sol, porque con sus rayos seguiré creciendo, y más pajaritos podrán vivir en mis ramas.
- Claro que sí, amigo árbol, no estés triste. También guardaré unos rayos de sol para ti.
Itzelina empezó a caminar más rápido, porque llegaba la hora en la que el sol se levantaba y ella quería estar a tiempo para atrapar los primeros rayos que lanzara. Pasaba por un corral cuando un gallo que estaba parado sobre la cerca le saludó.
- Hola, bella Itzelina. ¿Dónde vas con tanta prisa?
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así poder compartir algunos con mi amiga la ardilla voladora, para que encuentre su alimento; y con mi amigo el árbol, para que siga creciendo y le dé hospedaje a muchos pajaritos.
- Yo también te pido algunos rayos de sol para que pueda saber en las mañanas a qué hora debo cantar para que los adultos lleguen temprano al trabajo y los niños no vayan tarde a la escuela.
- Claro que sí, amigo gallo, también a ti te daré algunos rayos de sol – le contestó Itzelina.
Itzelina siguió caminando, pensando en lo importante que eran los rayos del sol para las ardillas y para los pájaros; para las plantas y para los hombres; para los gallos y para los niños.
Entendió que si algo le sirve a todos, no es correcto que una persona lo quiera guardar para ella solita, porque eso es egoísmo. Llegó a la alta montaña, dejó su malla de hilos a un lado y se sentó a esperar al sol.
Ahí, sentadita y sin moverse, le dio los buenos días, viendo como lentamente los árboles, los animales, las casas, los lagos y los niños se iluminaban y se llenaban de colores gracias a los rayos del sol.

RELATOS DE PRIMAVERA ~ Dos amigos inseparables


Desde muy pequeños, Lowin y Peter son amigos. Se conocieron en un soleado y colorido día de primavera. El astuto Peter cazaba insectos entre las flores, mientras que Lowin comía plantas muy cerca de donde se encontraba el zorro.
De repente, Peter descubrió una mariposa y estaba decidido a atraparla. Se colocó en posición de ataque y cuando saltó para agarrarla, chocó con Lowin.
- Auchhhhh, ¿Qué haces?, me lastimaste - dijo el oso.
- Disculpa, no era mi intención, intentaba capturar una mariposa, pero la muy astuta se me escapó - contestó Peter.
- Ahhhhhh, bueno no hay problema. Me llamo Lowin y ¿tú cómo te llamas?
- Peter, pero ¿vives en esta montaña? Nunca antes te había visto...
De esta manera, se inició una larga conversación entre estos dos cachorros, y desde entonces, son los mejores amigos que se conoce por la montaña de Pando. Ahora son unos inquietos adolescentes en busca de las más divertidas aventuras. Un día de primavera, Peter le propuso a Lowin iniciar una aventura en los gallineros del granjero Jorge. A Peter le encantaba asustar a las gallinas.
- Está bien, acepto, - dijo el oso-, pero con una condición.
- ¿Cuál? - Preguntó el zorro.
- Después de jugar nos vamos a la laguna a darnos un refrescante baño.
- Trato hecho. Enseguida Peter empezó a planear cómo entrarían al gallinero. Tomó una ramita y sobre la tierra comenzó a dibujar un mapa para explicarle a Lowin de qué manera trabajarían en equipo para no dejar escapar a ninguna gallina y darles un buen susto.
- Yo soy más pequeño y delgado, voy a entrar cuidadosamente al lugar donde las gallinas duermen. Y tú, como eres más grande, te quedarás afuera esperando que las gallinas salgan. Justo en ese momento, empezamos a corretearlas por toda la granja, dijo el zorro. El oso asintió y de inmediato pusieron su plan en marcha.
A la cuenta de tres, tanto Peter como Lowin se pusieron en acción. Al cabo de unos segundos, empezaron a salir las gallinas. Mientras tanto, afuera del gallinero se encontraba Lowin, esperando para correr detrás de las pequeñas aves. Al cabo de unos segundos, el zorro y el oso se encontraban corriendo de un lado a otro, cuidándose de no dejar escapar a ninguna gallina.
Casi cumplieron su misión, cuando repentinamente los sorprendió el granjero Jorge. Jorge, un señor gordo, alto y un poco gruñón, se montó en su tractor y comenzó a corretear a Peter y a Lowin por toda la colina. El zorro y el oso casi se dan por vencidos, pero después de tanto correr, encontraron un escondite. Allí, estuvieron unos minutos. Cuando se aseguraron que Jorge se había marchado, salieron.
- Peter, siempre tus ideas terminan metiéndonos en problemas. Pasamos un buen susto.
- Sí, sí, ya lo sé. Pero fue divertido, admítelo.
- Tienes razón.
Estos intrépidos amigos dejaron escapar una larga carcajada. De camino a la laguna, ya se encontraban planeando la aventura del siguiente día. Peter y Lowin disfrutaban al máximo de los días de primavera, su estación del año preferida. Y tal como habían acordado antes de iniciarse en la divertida persecución de las gallinas, se dirigieron hacia la laguna a darse un divertido y relajante baño.
Dos amigos inseparables

LA PRIMAVERA TROMPETERA

Hace dos años, varios profesores de nuestro colegio hicieron un divertido vídeo llamado "La primavera trompetera". Fue grabado en algunas calles de Quesada y en nuestro centro, el CEIP Vírgen de Tíscar.
El rodaje está muy chulo, participaron en él: Damián, Pablo, Emi, Tíscar, Ana, Lorena, Toñi y Amparo.
Lo ha grabado Manolo, y las directoras han sido Antonia Sánchez y Amparo Palomeque.



RELATOS DE PRIMAVERA